Máximo (con ardiente palabra en toda la escena). Alto... Me dice el Marqués que de aquí, después de una larga conversación con usted, salió Electra en ese terrible desvarío.
Pantoja (turbado). Aquí... cierto... hablamos... La niña...
Máximo. Mordida fue por el monstruo.
Pantoja. Tal vez... Pero el monstruo no soy yo. Es un monstruo terrible, que se alimenta de los hechos humanos. Se llama la Historia. (Queriendo marcharse.) Adiós.
Máximo (le coge fuertemente por un brazo). ¡Quieto!... Va usted a repetir, ahora mismo, ahora mismo, lo que ha dicho a Electra ese monstruo de la Historia, para ponerla en tan gran turbación...
Pantoja (sin saber qué decir). Yo... ante todo, conviene asentar previamente que...
Máximo. No quiero preámbulos... La verdad, concreta, exacta, precisa... Usted ha ofendido a Electra, usted ha trastornado su entendimiento... ¿Con qué palabras, con qué ideas? Necesito saberlo pronto, pronto. Se trata de la mujer que es todo para mí en el mundo.
Pantoja. Para mí es más: es los cielos y la tierra.
Máximo. Sepa yo al instante la maquinación que ha tramado usted contra esa pobre huérfana, contra mí, contra los dos, unidos ya eternamente por la efusión de nuestras almas; sepa yo qué veneno arrojó usted en el oído de la que puedo y debo llamar ya mi mujer. (Pantoja hace signos dubitativos.) ¿Qué dice? ¿Que no será mi mujer...? ¡Y se burla!
Pantoja. No he dicho nada.