Electra (se aparta de Máximo con movimiento pudoroso. Su desvarío es sosegado, sin gritos ni carcajadas. Lo expresa con acentos de dolor resignado y melancólico). No te acerques. Yo no soy tuya, no, no.
Máximo. ¿Por qué huyes de mí? ¿A dónde vas sin mí...?
Pantoja (que ha pasado a la derecha junto a Evarista). A la verdad, a la eterna paz.
Electra. Busco a mi madre. ¿Sabéis dónde está mi madre?... La vi en el corro de los niños... fue después hacia la mimosa que hay a la entrada de la gruta... Yo tras ella sin alcanzarla... Me miraba y huía... (Óyese lejano el canto de niños en el corro.)
Marqués. ¿Ves a Máximo? Será tu esposo...
Máximo (con vivo afán). Nadie se opone; no hay razón ni fuerza que lo impidan, Electra, vida mía.
Electra (imponiendo silencio). Ya no hay esposos ni esposas...¡oh, qué triste está mi alma!... Ya no hay más que padres y hermanos, muchos hermanos...
¡Qué grande es el mundo, y qué solo está, qué vacío! Por sobre él pasan unas nubes negras... las ilusiones que fueron mías, y ahora son... de nadie... no son ilusiones de nadie... ¡Qué soledad! Todo se apaga, todo llora... el mundo se acaba... se acaba. (Con arrebato de miedo.) Quiero huir, quiero esconderme. No quiero padres, no quiero hermanos... Quiero ir con mi madre. ¿Dónde está su sepulcro? Allí, juntas las dos, juntas mi madre y yo, yo le contaré mis penas, y ella me dirá las verdades... las verdades.
Pantoja (aparte a Evarista). Es la ocasión. Aprovechémosla.
Evarista. Hija mía, te llevaremos a la paz, al descanso.