Máximo. No es esa la paz. El descanso y la razón están aquí. Electra es mía... (Evarista hace por llevársela.) Yo la reclamo.

Electra. Máximo, adiós. No te pertenezco: pertenezco a mi dolor... Mi madre me llama a su lado. (Ansiosa, expresando una atención intensísima.) Oigo su voz...

Máximo. ¡Su voz!

Electra. Silencio... Me llama, me llama. (Con alegría, delirando.)

Evarista. ¡Hija, vuelve en ti!

Electra. ¿Oís?... Voy, madre mía. (Corre hacia las Hermanas.) Vamos. (A Máximo que quiere seguirla.) Yo sola... Me llama a mí sola. A ti no... A mí sola. ¿No oís la voz que dice ¡Eleeeectra!...? Voy a ti, madre querida. (Las Hermanas, Evarista y Pantoja la rodean.)

Máximo. Iniquidad! Para poder robármela le han quitado la razón. (Quiere desprenderse de los brazos del Marqués y Don Urbano.)

Marqués. No la pierdas tú también. (Conteniéndole.)

Don Urbano. Calma.

Marqués. Déjala ahora... Ya la recobraremos.