ESCENA III
Los mismos; Máximo, el Marqués, por la izquierda.
Marqués. Aquí aguardaremos.
Máximo (viendo a Evarista). ¡Ay, quién está aquí! Tía... (La saluda con afecto.)
Evarista (respondiendo al saludo del Marqués). Marqués... ¿Con que[104] al fin hay esperanzas de ganar la batalla?
Marqués. No lo sé... Luchamos con una fiera de muchísimo sentido.
Evarista. ¿Y tú, Máximo, crees...?
Máximo. Que el monstruo sabe mucho, y es maestro consumado en estas lides. Pero... confío en Dios.
Evarista. ¿Tú también...?
Máximo. Naturalmente: en Dios confía quien adora la verdad. Por la verdad combatimos. ¿Cómo hemos de suponer que Dios nos abandone? No puede ser, tía.