Electra (burlándose de Máximo). ¡La razón, la seriedad! Miren el sabio... fúnebre. Yo tengo todo eso el día que me dé la gana... y más que tú.
Máximo. Ya lo veremos, ya lo veremos.
Pantoja (que ha prestado atención a lo que hablan en el grupo del centro). No puedo ocultar a usted que me desagrada la familiaridad de la niña con el sobrino de Urbano.
Evarista. Ya la corregiremos. Pero tenga usted presente que Máximo es un hombre honradísimo, juicioso...
Pantoja. Sí, sí; pero... Amiga mía, en los senderos de la confianza tropiezan y resbalan los más fuertes: me lo ha enseñado una triste experiencia.
Electra (en el grupo del centro). Yo sentaré la cabeza cuando me acomode. Nadie se pone serio hasta que Dios lo manda. Nadie dice ¡ay! ¡ay! hasta que le duele algo.
Cuesta. Y ya, ya aprenderá cosas prácticas.
Electra. Cierto: cuando venga Dios y me diga: «niña: ahí tienes el dolor, los deberes, la duda...»
Máximo. Que lo dirá... y pronto.