Evarista. Electra, hija mía, no tontees...
Electra. Tía, es Máximo que... (Pasa al lado de su tía.)
Don Urbano. Máximo tiene razón...
Cuesta. Seguramente. (Cuesta y Don Urbano pasan también al lado de Evarista, quedando solos a la izquierda Máximo y el Marqués.)
Máximo. ¿Puedo saber ya, señor Marqués, el resultado de su primera observación?
Marqués. Me ha encantado la chiquilla. Ya veo que no había exageración en lo que usted me contaba.
Máximo. ¿Y la penetración de usted no descubre bajo esos donaires algo que...?
Marqués. Ya entiendo... belleza moral, sentido común... No hay tiempo aún para tales descubrimientos. Seguiré observando.
Máximo. Porque yo, la verdad, consagrado a la ciencia desde edad muy temprana, conozco poco el mundo, y los caracteres humanos son para mí una escritura que apenas puedo deletrear.
Marqués. Pues en esa escritura y en otras sé yo leer de corrido.