Marqués. El pobre Máximo, aferrado a sus estudios, no puede atenderlos como debiera.

Electra. Claro: eso digo yo.

Marqués. Es de toda evidencia: Máximo necesita una mujer. Pero... aquí entran mis dificultades y mis dudas. Por más que miro y busco, no encuentro, no encuentro la mujer digna de compartir su vida con la del grande hombre.

Electra. No la encuentra usted. Es que no la hay, no la hay. Como que para Máximo debe buscarse una mujer de mucho juicio.

Marqués. Eso es: de mucho juicio.

Electra. Todo lo contrario de mí, que no tengo ninguno, ninguno, ninguno.

Marqués. No diría yo tanto.

Electra. Otra cosa: cuando usted me oye decirle tonterías y llamarle bruto, viejo, sabio tonto, no vaya a creer que lo digo en serio. Todo eso es broma, señor Marqués.

Marqués. Sí, sí: ya lo he comprendido.

Electra. Bromas impertinentes quizás, porque Máximo es muy serio... ¿Cree usted, señor mío, que debo yo volverme muy grave?