Marqués. ¡Oh! no. Cada criatura es como Dios ha querido formarla. No hay que violentarse, señorita. No necesitamos ser graves para ser buenos.

Electra. Pues mire usted, Marqués, yo que no sé nada, había pensado eso mismo. (Aparece Pantoja por el foro.)

Pantoja (aparte en la puerta). Este libertino incorregible... este veterano del vicio se atreve a poner su mirada venenosa en esta flor. (Avanza lentamente.)

Marqués (aparte). ¡Vaya! Se nos ha interpuesto la pantalla obscura, y ya no podemos seguir hablando.

Electra. El señor Marqués ha venido a oírme tocar; pero estoy muy torpe. Lo dejamos para otro día.

Marqués. Ya sabe usted que el gran Beethoven[32] es mi pasión. Me habían dicho que Electra le interpreta bien, y esperaba oírle la Sonata Patética,[33] la Clair de Lune...[34] pero nos hemos entretenido charlando, y pues ya no es ocasión...

Pantoja (con desabrimiento). Sí: ha pasado la hora de estudio.

Marqués (recobrando su papel social). Otro día será. Amigo mío, Virginia y yo tendremos mucho gusto en que usted nos honre con sus consejos para cuanto se refiere al Beaterio de Las Esclavas.[35]

Pantoja. Sí, sí: esta tarde iré a ver a Virginia y hablaremos.

Marqués. En el Beaterio la tiene usted toda la tarde. Y pues estoy de más aquí... (En ademán de retirarse.)