Marqués. Sí, señora. Es un prodigio este hombre. (Sigue ponderando lo que ha visto en el laboratorio.)
Electra (suspirando). Sí, Máximo: tengo que consultar contigo un caso grave.
Máximo (con vivo interés). Dímelo pronto.
Electra (recelosa mirando al otro grupo). Ahora no puede ser.
Máximo. ¿Cuándo?
Electra. No sé... no sé cuándo podré decírtelo... No es cosa que se dice en dos palabras.
Máximo. ¡Ah, pobre chiquilla! Lo que te anuncié... ¿Apuntan ya las seriedades de la vida, las amarguras, los deberes?
Electra. Quizás.
Máximo (mirándola fijamente, con vivo interés). Noto en tu rostro una nube de tristeza, de miedo... gran novedad en ti.
Electra. Quieren anularme, esclavizarme, reducirme a una cosa... angelical... No lo entiendo.