Máximo. Bien podría suceder.

Don Urbano. Fruto de su inteligencia privilegiada...

Máximo (con modestia). No: de la perseverancia, de la paciencia laboriosa...

Evarista. ¡Ay, no me digas! Trabajas brutalmente.

Máximo. Lo necesario, tía, por obligación, y un poco más por goce, por recreo, por entusiasmo científico.

Don Urbano. Es ya una monomanía, una borrachera.

Evarista (con tonillo sermonario). ¡Ah! No: es la ambición, la maldita ambición, que a tantos trastorna y acaba por perderlos.

Máximo. Ambición muy legítima, tía. Fíjese usted en que...

Evarista (quitándole la palabra de la boca). El afán, la sed de riquezas para saciar con ellas el apetito de goces. Gozar, gozar, gozar: esto queréis y por esto vivís en continuo ajetreo, comprometiendo en la lucha vuestra naturaleza: estómago, cerebro, corazón. No pensáis en la brevedad de la vida, ni en la vanidad de los afanes por cosa temporal; no acabáis de convenceros de que todo se queda aquí.

Máximo (con gracia, impaciente por retirarse). Todo se queda aquí, menos yo, que me voy ahora mismo.