Evarista (burlándose). ¡Qué bonito! (Electra contiene difícilmente la risa.)

Don Urbano. «Que en su rostro hechicero ha escrito el Supremo Artífice el problema del... del...» (Sin entender la palabra siguiente.)

Electra (apuntando). «Del cosmos.»

Don Urbano. Eso es: «del cosmos, simbolizando en su luminosa mirada, en su boca divina, el poderoso agente físico que...»

Evarista (arrebatando la carta). ¡Qué indecorosas necedades!

Don Urbano (descubriendo otra carta en el otro bolsillo). Pues aquí hay otra. (La coge.)

Cuesta. ¿A ver, a ver esa?

Evarista. Hija, tu cuerpo es un buzón.

Cuesta (leyendo). «Despiadada Electra, ¿con qué palabras expresaré mi desesperación, mi locura, mi frenesí...?»

Evarista. Basta... Eso ya no es inocente. (Incomodada, registrándole los bolsillos.) Apostaría que hay más.