Electra. ¡Oh, sí...!

Máximo. Ayer aprendiste a pesar en la balanza de precisión.

Electra (gozosa, preparándose). Sí, sí... dame, déjame. (Al verter el metal en la cápsula, admira su belleza.) ¡Qué bonito! ¿Qué es esto?

Máximo. Aluminio. Se parece a ti. Pesa poco...

Electra. ¿Que peso poco?

Máximo. Pero es muy tenaz. (Mirándole al rostro.) ¿Eres tú muy tenaz?

Electra. En algunas cosas, que me reservo, soy tenaz hasta la barbarie, y creo que, llegado el caso, lo sería hasta el martirio. (Sigue pesando sin interrumpir la operación.)

Máximo. ¿Qué cosas son esas?

Electra. A ti no te importan.

Máximo (atendiendo al trabajo). Mejor... En seguidita me pesas setenta gramos de cobre. (Presentándole otro frasco.)