—¿Ya está usted con sus guasas?

—Y ahora me toca a mí pedirle un favor...

—Usted dirá.—Esta noche traigo los dulces de la boda. Mando al segundo una parte, otra la dejo aquí para los amigos que vengan. ¿Irá usted arriba a casa de doña Casta, o vendrá aquí?

—Iremos arriba... Si paseamos, puede que entremos aquí. Según esté ese.

—Bueno; esta noche ha de venir mi amigo el crítico. Padilla le invitará a entrar y le ofrecerá dulces. Quiero que se coma uno que tengo yo aquí preparado para él... No sabe usted cuánto le odio.

Fortunata, que tenía la cabeza caldeada con ideas de envenenamiento, se asustó.

«¿Pero qué demonios le va usted a dar a ese infeliz? Si es un buen chico».

—Nada, no se asuste usted... No es más que un derivativo... La fiesta consiste en que luego le invite doña Casta a subir, y que suba...

—No sea usted bruto. ¡Si es un chico muy bueno! Me han dicho que mantiene a su madre...

—¡Que mantiene a su madre! Pues estará lucida. ¿Y con qué la mantiene? ¿Con los artículos?