—Quite allá... es repugnante... Dos mujeres pegándose...
—Será lo que usted quiera; pero desde que me lo contaron, la bribona antigua se ha crecido a mis ojos y me parece menos arrastrada que la moderna.
—Este mundo, hija mía, está lleno de maldades. A donde quiera que mira una, no ve más que pecados, y pecados cada vez más gordos, porque la humanidad parece que se vuelve de día en día más descarada y menos temerosa de Dios... ¡Quién había de decir que esa muchacha, esa Aurorita, que parecía tan buena, tan lista...! No, como lista, ya lo es; aunque la otra lo ha sido más... ¿Y qué dice Bárbara?, estaba encantada con ella, y todos los días iba al obrador a verla trabajar... Pero cállate, que aquí viene tu señora suegra...
Barbarita y la pareja se encontraron.
«Ya no alcanzas la del señor cura... ¡Qué horas de ir a misa!».
—Pero si no me han dejado salir en toda la mañana... Mira, Jacinta, allí tienes a tu marido llama que te llama... Entré y... «Que dónde estabas tú. Que qué tenías tú que hacer en la calle tan temprano». Conque bien puedes darte prisa.
—Que espere... Pues no faltaba más...—replicó Jacinta con tedio—. Que tenga paciencia, que también la tienen los demás.
—Y vosotras, ¿de dónde venís?
—¿Nosotras? De ver amas de cría—dijo la santa sonriendo.
—¡Amas de cría!...—Sí, no es broma... amas, amas, amas.