—Sí —le respondí—. ¿En dónde estás metido que no lo sabes? ¿Has resucitado acaso?

—¿De modo que ya hay algo que comer?

—Sí: todo lo que quieras... ¿Y Siseta?

—Siseta está durmiendo desde ayer. ¿Quieres verla? La llamamos y no quiere despertar.

—¿Pero dónde os habéis metido? ¿Dónde está Siseta?

—¿Hay ya que comer? No hemos vuelto a ver a Napoleón, Andrés. ¿Cuánto darán ahora por él?

—Anda al diablo con Napoleón. Llévame a donde está tu hermana.

—En el tejado.

—¡En el tejado!

—Sí: la llevamos entre todos, porque el Sr. Nomdedeu la quería matar.