—Hagamos un pacto—dijo Morton levantándola del suelo.

—¿Cuál?

—Sígueme.

—¿Yo... á dónde?

—A mi casa...

—¡Oh, tú has perdido el juicio!

—Sígueme.

—Pues bien—dijo Gloria con entusiasmo.—Recibe el agua del bautismo; cree en Jesucristo y te sigo, te seguiré abandonándolo todo, cualquiera que sea la voluntad de mi familia; te seguiré aceptando mi deshonra. ¿Puede darse mayor sacrificio? Pero ganar un alma para el reino de Jesucristo, bien lo merece.

—Mi pacto es otro—prosiguió Morton con febril impaciencia.—Cada cual trata de convertir al otro á su religión. Si tú vences seré católico, si yo venzo serás judía.

Gloria volvió el rostro con horror.