—Pero, papá...
—Es un vicioso. Que vengan los chicos.
—Y los vestirás por mi cuenta, Gloria—dijo Su Ilustrísima.—Algo podré darle también á Caifás.
—Pero él quisiera...
—¿Aún pide más?
—Para los desgraciados—indicó D. Angel,—se escribió aquello de pedid y se os dará.
—Darle dinero es fomentar sus vicios—afirmó Lantigua.—¿No lo cree usted así, señor Morton?
—Seguramente.
—Vamos, vamos—murmuró D. Juan, sonriendo con bondad.—Me figuro lo que queréis.