Gloria, conocedora ya del idioma especial de Celinina, sabía que un babero quería decir un caballero.
—¿Y cómo era ese babero?
—Ito.
Gloria tradujo bonito.
—¿Y cómo venía?
—Balo.
—A caballo, ¿no es eso? ¿Y de dónde venía?
Celinina elevó su manecita, y con expresión religiosa y acento y pronunciación clarísima, dijo:
—Del Cielo.
Mundideo presentó los pagarés á Gloria.