—No señora.
—Como el lunes estuvo usted toda la noche fuera...
Daniel no contestó. Entonces Isidorita, demostrando vivo interés por el hombre infiel que se aposentaba en su casa, habló así:
—Yo, si usted me lo permite, me voy á tomar la libertad de darle un consejo.
Y como Daniel se dispusiera de todo corazón á recibir consejos de la señora, ésta añadió:
—Mi consejo es que tenga mucho cuidado con los Lantiguas. Son personas muy buenas; pero de mucho tesón y no consienten que nadie...
—Acabe usted.
—Es que me estoy metiendo en lo que no me importa y temo enojarle á usted.
—De ningún modo.
—Pero como va en ello el bien de una persona tan digna... Lo que quiero decir es que tome usted precauciones, si ha de seguir sus entrevistas secretas á media noche con la señorita Gloria.