—¿Y no es más que eso? —dijo Catalina riendo, y rasgando a tirón un gran pedazo de lienzo, de modo que su risa y el estridor de la tela se confundían—. Pues con muchas abominaciones como esa, tu rinconcito en el Infierno no hay quien te lo quite.
—Es más, es mucho más —añadió Urrea suspirando fuerte—. Dije también que tú eras tonta.
—¡Bah, bah!
—¡Llamarte tonta a ti, que eres la misma inteligencia...! El tonto es él, tu hermano, con la tiesura planchada de su alma inglesa, él, incapaz de nada grande, ni de un rasgo de sensibilidad...
—Eh... caballero; está usted pecando en el mismo confesonario. Por un lado se sincera, y por otro se carga con nuevas culpas, haciendo juicios temerarios.
—Pues no digo nada de tu hermano. Sabrás que también hablé pestes del bonísimo don Manuel, y le llamé congrio, y...
—Ja, ja... de seguro que te lo perdonará si lo sabe.
—Y después, una noche que comí en casa de Monterones, hablamos tu hermano y yo. Siempre que estoy a su lado, me siento con malos instintos, no puedo resistir las ganas de chafar su pulcra educación inglesa, como la felpa planchada y lisa de los sombreros de copa. Me gusta cepillarla a contrapelo, expresar conceptos que le contraríen y le hieran. Pues con esa intención, y sin ánimo de ofenderte, dije que yo pensaba contratar contigo, en cinco mil duros, la conducción a España de las cenizas de tu querido esposo, y añadí mil tonterías... Te advierto, en descargo mío, que había bebido más de la cuenta... Lo peor fue que no hablé del pobre Carlos Federico con el respeto que merece su memoria. Mi palabra que no.
—Eso es un poquito más grave —dijo Halma con severidad, fijos los ojos en su costura—; pero te lo perdono también, puesto que declaras que no sabías lo que hablabas, y que no tenías intención de agraviarme. ¿Qué más?
—Por ahora nada más. ¿Te parece poco? Me quedo muy tranquilo, después de habértelo confesado. Y ahora vamos a otra cosa. ¿Sabes que tu hermana y tu cuñadita, y todo el enjambre de amigas te critican acerbamente, por no haber correspondido a sus cuestaciones como ellas esperaban, y que además te ponen en solfa a ti y a don Manuel por lo que estáis haciendo por mí?