Pero si en mi alcoba nada ocurría de extraño fuera de mí, como lo demostró al entrar en ella Tribaldos alumbrando y registrando, algo ocurría en los bajos del edificio, donde el grave silencio de la noche fue interrumpido por fuerte algazara de gente, coches y caballos.
—Mi comandante —dijo Tribaldos sacando el sable para dar tajos en el aire a un lado y otro—, esos pillos no quieren dejarnos dormir esta noche. ¡Afuera, tunantes! ¿Pensáis que os tengo miedo?
—¿Con quién hablas?
—Con los duendes, señor —repuso—. Han venido a divertirse con usía, después que jugaron conmigo. Uno me cogía por el pie derecho, otro por el izquierdo, y otro, más feo que Barrabás, atome una cuerda al cuello, y con este tren y el tirar por aquí y por allí, me llevaron volando a mi pueblo para que viese a Dorotea hablando con el sargento Moscardón.
—¿Pero crees tú en duendes?
—¡Pues no he de creer, si los he visto! Más paseos he dado con ellos que pelos tengo en la cabeza —repuso con acento de convicción profunda—. Esta casa está llena de sus señorías.
—Tribaldos, hazme el favor de no matar más mosquitos con tu sable. Deja los duendes, y baja a ver de qué proviene ese infernal ruido que se siente en el patio. Parece que han llegado viajeros; pero, según lo que alborotan, ni el mismo Sir Arturo Wellesley con todo su séquito traería más gente.
Salió el mozo dejándome solo, y al poco rato le vi aparecer de nuevo, murmurando entre dientes frases amenazadoras, y con desapacible mohín en la fisonomía.
—¿Creerá mi comandante que son ingleses o príncipes viajantes los que de tal modo atruenan la casa? Pues son cómicos, señor; unos comiquillos que van a Salamanca para representar en las fiestas de San Juan. Lo menos conté ocho entre damas y galanes, y traen dos carros con lienzos pintados, trajes, coronas doradas, armaduras de cartón y mojigangas. Buena gente... El ventero les quiso echar a la calle; pero han sacado dinero, y su majestad el Sr. Chiporro, al ver lo amarillo, les tratará como a duques.
—¡Malditos sean los cómicos! Es la peor raza de bergantes que hormiguea en el mundo.