—Sí, señor; pero yo me quedo. Quedamos veinte dragones para escoltar al Gobernador.

—Me alegro —dije disponiéndome a llevar el burro conmigo—. Ahora, amigo Jean-Jean, necesito saber si el tal jefe de los masones se dispone a salir hoy también de Salamanca. Es lo más probable.

—Lo averiguaré, señor.

—Estoy en el mesón de al lado, ¿sabes?

—La Lechuga, sí.

—Allí te espero. Tenemos mucho que hacer hoy, amigo Jean-Jean.

—No deseo más que servir a Su Excelencia.

—Y yo pago bien a los que me sirven.

XXII

Miss Fly, pretextando que la criada del mesón no debía enterarse de lo que hablábamos, me sirvió la frugal comida ella misma, lo cual, si no era conforme a los cánones de la etiqueta inglesa, concordaba perfectamente con las circunstancias.