—Terrible, mi general.
—Y estas otras en la cabecera del puente...
—Que se unen a los fuertes por medio de estacadas en zig-zag.
—Está bien —dijo complacido, guardando el croquis—. Ha desempeñado usted su comisión satisfactoriamente a lo que parece.
—Estoy a las órdenes de mi general.
Y luego, volviendo en derredor la perspicaz mirada, añadió:
—Me dijeron que Miss Fly cometió la temeridad de ir también a Salamanca a ver los edificios. No la veo.
—No ha vuelto —dijo un inglés de los de la comitiva.
Interrogáronme todos con alarmantes miradas, y sentí cierto embarazo. Hubiera dado cualquier cosa porque la señorita Fly se presentase en aquel momento.
—¿Que no ha vuelto? —dijo el Duque con expresión de alarma y clavando en mí sus ojos—. ¿Dónde está?