y el demonio del gato

vertió el salero.

—Buen provecho —dije—. ¿Y qué cuenta de la señora Lesbia?

—Que la pusieron en libertad a la media hora conociendo que nada resultaba contra ella. También dejaron libre a D. Juan. Pronto les tendremos aquí, y la función no se retrasará. ¡Qué placer! Yo dirijo la escena.

Madre, y qué gusto

es ver a dos gitanos

trocar de burros.

—Pues sea enhorabuena.

—Pero hay un inconveniente, Gabriel —prosiguió—. Ya sabes que ninguno de esos señores quiere hacer el papel de Pésaro por ser muy desairado. Perico Rincón, mi compañero, dijo que lo haría, si le daban mil reales; pero cátate que ha caído con una pulmonía, y si la función es para el 6, no sé cómo nos compondremos. ¿Quieres tú hacer el papel de Pésaro?

—¡Yo, yo representar! —exclamé con espanto—. No quiero ser cómico.