el cuerpo de su amante reunido?

Jamás estos versos se habían declamado en la escena española con tan fogosa elocuencia, con tan aterradora expresión. El artificio del drama había desaparecido, y el hombre mismo, el bárbaro y apasionado Otelo espantaba al auditorio con las voces de su inflamada ira. Un aplauso atronador y unánime estremeció la sala, porque nunca los concurrentes habían visto perfección semejante.

Después las facciones del moro se alteraron; su rostro palideció: oprimiose el pecho con ambas manos, y su voz, trocando el áspero tono en otro desgarrador y patético, dijo:

Las recias tempestades

el viento anuncia con terrible ruido;

el rayo con relámpagos avisa

su golpe destructor, y los rugidos

del león su presencia nos advierten;

mas la mujer con ánimo tranquilo

y aparentes halagos nos destroza