cansada, sin amparo, sin intento,

entre aquesta espesura?

Llorad, ojos, llorad mi desventura.

En la escena con la reina también estuviste muy feliz, lo mismo que en el diálogo con D. Mendo. Con qué elocuente tono exclamaste «¡tengo esposo!» y después aquello de

Sí harán,

porque bien o mal nacido,

el más indigno marido

excede al mejor galán;

pero desde que salí yo y me viste...

—Es lo que digo. El temor de hacerlo mal y disgustarte...