—Si no te callas, te pego.
—Yo quiero cenar—afirmó él con brutal terquedad, echando a un lado la cabeza y dando un golpe con ella sobre la mesa.
—Eso es, rómpete la cabeza.
—Mala hermana, ¡no das de cenar a tu hermanito! Mira tú, mejor estaba en la cárcel...
—Como vuelvas a nombrar...
—¡Nombro!... ¡Puño!
—Como vuelvas a decir...
—¡Puño!—repitió el bergante alzando la mano.
—¡Alzas la mano!..., ¡a mí!..., a tu hermana.
—Yo me quiero ir con mi tía.