Escuchen, señores míos,
les diré de Juan Portela,
el ladrón más afamado
de la gran Sierra Morena.

—Calla, hijo, calla por Dios. Me estás envenenando con tus horribles coplas. Ningún joven guapo y decente aprende tales cosas. Esto está bien para el pueblo, para el populacho. ¿Sabes tú lo que es el populacho?

—Mi tía la Sanguijuelera—contestó el chico con tan graciosa naturalidad, que Isidora no pudo contener la risa.

—Ya aprenderás mil cosas que no sabes. Y dime ahora, ¿qué aspiración tienes tú?... ¿Qué quieres ser?...

—Yo no quiero ser nada—repuso él con apatía.

—Es preciso que estudies y que trabajes. No volverás a la fábrica de sogas. Irás a un colegio. ¿Qué carrera quieres seguir?».

Mariano meditó un instante. Después dijo con resolución:

«La de tener mucho dinero.

—¿Y para qué quieres tú el dinero?

—Toma..., mia ésta... Pues para ser rico.