—Pero es preciso que seas algo.

—Rico...

—¿Y en qué gastarías el dinero?

—En comer lomo, granadas, turrón y en beber buen vino. Tendré un caballo y me vestiré todo de seda.

—¿No te gustaría militar y llegar a general?

—Sí, sí—afirmó Pecado, despidiendo de sus ojos brillo de animación y alegría—. Para ir mandando la tropa y arreando palos..., así..., ¡toma!

—No, no, no se pega. No creas que los generales pegan... Hay carreras preciosas, como Estado Mayor, Ingenieros, Artillería.

—¡Artillero, artillero!—gritó Pecado, dando golpes en la mesa—. Ya me verás, cañonazo va, cañonazo viene... ¡Bum, bum!

—Dispararías cuando fuera menester...

—No, no, siempre... Al que me hiciera algo, ¡zas!...».