—Mañana te daré unos cuartitos...
—¿Cuartitos? Tú eres rica—dijo pasando la vista con malicioso examen por los diversos objetos que Isidora poseía—. Tú tienes dinero, porque has comprado estas cosas ricas, y yo no tengo nada, nada; soy un pobre».
Al decir esto se desnudaba para acostarse.
«Yo también soy pobre—afirmó Isidora—; pero con el tiempo, tal vez dentro de poco, tú y yo estaremos bien y tendremos todo lo necesario y aún más.
—La señorita gasta y come bien, y tiene a su hermanito muerto de hambre—gruñó él, acostado ya.
—No seas tonto. Cállate y duerme.
—Si mañana no me das dinero, salgo a la calle y pido limosna. Ya sé yo cómo se pide. Me lo ha enseñado un chico.
—¿Qué estás diciendo, cafre?
—Que pediré limosna. Verás.
—No me sofoques... A un colegio, a un colegio.