ISIDORA.—(Aterrada.) ¡Prenderme!... ¡A mí! ¿Está usted seguro?...

EL ESCRIBANO.—(Volviendo a mostrar el auto.) Vea usted... Conque si tiene usted la bondad de seguirme...

DON JOSÉ.—(Aparte, deplorando no tener espada, y sobre todo no ser hombre capaz de sacarla en caso de que la hubiera tenido.) ¡Qué picardía!

EL ESCRIBANO.—(Queriendo, como hombre humanitario, sacar a Isidora de su extraordinaria perplejidad.) Ya sabría usted que la parte contraria pidió que se sacara el tanto de culpa...

ISIDORA.—(Confusa y mareada.) Sí.

EL ESCRIBANO.—Y el juez ha encontrado el fundamento.

ISIDORA.—Pues daré fianza...

EL ESCRIBANO.—Precisamente... en el delito de que se trata no puede concederse fianza.

ISIDORA.—¡Delito! ¿Está usted seguro de lo que dice?

EL ESCRIBANO.—El pleito es ahora causa criminal...