—¿En qué consiste tu nobleza?
—En que no recibo limosna... Pero por ser de ti...».
Vacilaba, mirando alternativamente al rostro y la mano de Miquis. De súbito lanzó una exclamación no muy delicada y dijo:
«¿Sabes?..., ya se me ha ido la delicadeza. Venga el dinero».
Y antes que Miquis se lo diera, ella lo tomó de la mano de su amigo.
«¿De qué te espantas, bobo?... ¿de mis nuevas maneras? Ahora soy así. Te diré... A los hombres, desplumarlos y sacarles las entrañas; quererlos, nunca. Sois muy antipáticos; os desprecio a todos.
—¿Vas a meterte monja...?
—¿De veras?... ¡Qué sombra! ¿Monja yo?
—Ya sabes que Joaquín Pez ha venido de la Habana, casado con una americana muy rica. Da gusto verle, según está de contento y satisfecho».
Isidora palideció. Después dijo: