—Formalidad, formalidad, señor doctorcillo—dijo Isidora, poniéndose muy seria.

—¡Formalidad al amor! El amor es vida, sangre, juventud, al mismo tiempo ideal y juguete. No es la Tabla de Logaritmos, ni el Fuero Juzgo, ni las Ordenanzas de Aduanas.

—Juicio, mucho juicio, Sr. Miquis.

—El juicio está claro, señorita. Yo sé lo que me digo. Oye bien. Por mi padre, que es lo que más quiero, juro que me caso contigo.

—¡Huy, qué prisa!...

—Está dicho.

—¡Mira éste!

—Un Miquis no vuelve atrás; un re non mente; la palabra de un Miquis es sagrada.

—¡Bah, bah!

—Soy del Toboso, de ese pueblo ilustre entre los pueblos ilustres. Un tobosino no puede ser traidor.