—Pero puede ser tinaja.

—No te rías; esto es serio. Estamos hablando de la cosa más grave, de la cosa más trascendental».

Y era verdad que estaba serio.

«No nos detengamos aquí—dijo Isidora viendo que el estudiante buscaba un sitio para sentarse—. Hace fresco.

—Sigamos. En otra parte hablaremos mejor.

—¿A dónde quieres llevarme? Yo no voy sino a mi casa.

—Por ahora bajemos a la Castellana, para que veas cosa buena.

—Sí, sí, a la Castellana. Mi tío el Canónigo me decía que es cosa sin igual la Castellana.

—Escribiré mañana a tu tío el Canónigo.

—¿Para qué?