—También.

—Y me probaste que era mentira lo de tus relaciones con...»

María se detuvo, mirando fijamente á su esposo.

«No vuelvas sobre lo pasado—le dijo éste con bondad.—Es preciso que hagamos un esfuerzo para devolverte la salud. Tú, María, debes ayudarnos.

—Ayudaros, ¿á qué?

—A salvarte.

—¿Pues qué, no he de salvarme yo?... ¡Dios mío, he pecado!...»

Y demostró un dolor muy hondo.

«Me refiero á tu vida, á tu salud corporal que está amenazada.