—¡Ah! sí, ya recuerdo... te has portado infamemente conmigo... ¿Qué te dije yo? ¿Te dije que te perdonaba? Si no te lo dije, ¿es que lo he soñado yo?
—Sí: me perdonaste,—le dijo León por tranquilizarla.
—Tú me prometiste no querer á otra, me juraste quererme, y para que lo creyera me diste pruebas de ello. ¿Esto es verdad ó lo he soñado yo?
—Es verdad.
—Y también me dijiste que estás resuelto á abjurar de tus errores y á creer lo que creo yo. ¿Es también sueño esto?
—No: es realidad. Haz por serenarte.
—Y luego nos reconciliamos... ¿no ha pasado así?
—En efecto.
—Y volvimos á querernos como en los primeros días de casados.
—También.