—¡Que no hay presos en la Inquisición!

—No; esto es ya una broma, un cachivache histórico que solo asusta a los niños de teta. Los dos o tres presos que hay, están en el piso segundo, y se pasean por los corredores tomando el sol.

—¿Y estos instrumentos de suplicio?

—Tú ves visiones: aquí no hay nada que sirva para dar tormento —dijo Monsalud dando un puntapié a una caja vacía que retumbó con lastimero acento—. ¿Ves esto? Pues es una caja de botellas de vino.

—Desechos de la comilona que tuvieron el otro día los señores —dijo Mortero.

—¿Y aquellos maderos que allí se ven? —pregunté señalando unos palos en cruz, cuyo aspecto me parecía el más siniestro que se podía imaginar.

—Es un catre de tijera colocado patas arriba.

—¿Y aquello que luce y parece metal?

—Un brasero viejo.

—¿Y aquello que tiene cadenas y unas como pesas?...