—La garrucha vieja que estaba en el pozo del patio grande.
—¿Y aquel cilindro horrible?
—Un tambor que servía al pregonero de la bula.
—¿Y aquella argolla enorme?
—El aro de una pandereta con que jugaba en las Pascuas del año pasado el niño del conserje.
—Pero allí veo unas al modo de mandíbulas, que parece se van a comer a todo el género humano.
—Si es un fuelle viejo sin cuero.
—Y una caperuza.
—Fue la que me puse el carnaval pasado.
—Algunos cachivaches de tormento deben de quedar aquí —dijo Monsalud.