—¡Qué vecindad tan molesta debe de ser para tí! Estarás harto.

—No lo creas: me divierto con esas tonterías.

—¿Y qué tal? ¿Hay sablazos?...

—No lo creas. Viven con arreglo. Es que tenemos de Camila una idea muy equivocada.

—Ya sé que no se gobierna del todo mal. Pero el día menos pensado la pega. No hay fondo en ella.

—Pues se me figura que lo hay. La Humanidad, como la Naturaleza geográfica, nos ofrece cada día nuevos motivos de sorpresa y asombro. Donde menos lo pensamos, aparecen las maravillas humanas y tesoros que estaban ocultos, como los continentes antes de que un Colón les echara la vista encima.

—Vaya, que te remontas.

—Y á cada territorio que descubrimos en el planeta moral, parece que se ensancha el alma total del mundo, y por ende, la nuestra crece y...

—Chico, chico, te quiebras de sutil. El demonio que te entienda —me dijo echándose á reir—. Baja de esos espacios y escúchame. Tengo que irme en seguida.

—Soy todo oídos.