—Anoche estuvo la pobre Victoria en casa. Cada ojo así, por ver si entrabas. Como no fuiste, la pobre se secaba mirando á la puerta del salón. Cuando se marchó, creo que le faltaba poco para hacer pucheros.
Tras este exordio, vino una larga amonestación sobre el mismo tema. Yo debía casarme á ojos cerrados con aquella joven.
—Mira, prima: ya te he demostrado...
—Sé lo que me vas á decir; conozco tus argumentos como si fueran míos... No todas las personas se casan enamoradas; y las que se casan sin amor, no son las más infelices. Hay mil casos... Bien sé que Victoria no es una mujer superior, tal y como á tí te conviene; pero ven acá: esa mujer superior, ¿dónde la vas á encontrar? Hallarás la bonita, la graciosa, la cariñosa, la trabajadora, la rica, la discreta; pero la que reúna estas cualidades todas, y á ellas añada ese talento femenino que es tan hermoso por lo mismo que es tan raro, el talento de encadenar al hombre pareciendo que es ella la que se encadena; esa divinidad, ese milagro, ¿dónde está?
—¿Dónde? Qué sé yo... ¿Y qué saco de descubrir esa maravilla, si no ha de ser para mí? Soy un desdichado que siempre llega tarde, y voy volteando por el mundo, de equivocación en equivocación, queriendo siempre lo que no puedo tener. No doy un paso sin tropezar con una ley que me dice: ¡alto! Mi dicha está siempre en manos ajenas.
—No alambiques, no alambiques —dijo un poco turbada; y se levantó de su asiento para ver los cacharros que tenía yo en una vitrina.
No quiso darme á conocer cierta confusión que á su rostro salía.
—Vaya que tienes aquí cosas divinas. Y á propósito: ¿sabes á dónde han ido á parar los cuatro grandes tapices de Eloísa? A casa de esa que llaman la Peri. ¡Qué escándalo! A esto llaman vueltas del mundo; yo lo llamo volteretas. El espejo horizontal y otras piezas están en casa de Torres. Se mirará Paca en él para peinarse las greñas. Todo el comedor ha ido á poder de Sánchez Botín. Él empezó por comerse los manjares, y ha concluído por tragarse la mesa de roble y las hermosísimas sillas talladas. ¿Y las dos credencias inglesas, las has visto en alguna parte?
—Como que las tengo en mi casa.
—¿Aquí?