Después que estas dos cifras vibraron en el aire, hubo un largo y lúgubre silencio, durante el cual las cifras parecían seguir vibrando. ¡Oh, Dios! todas mis aritméticas habían venido á parar en aquel cataclismo... y los números ¡ay! eran el alfanje que me segaba el cuello.
María Juana, compadecida, no quería dejarme entregado á la desesperación, y acompañando sus palabras de entrañables caricias, me dijo:
—Ahora vendrás conmigo... no quiero dejarte solo. Cristóbal te espera; él me mandó que viniera á darte la noticia, y que te llevara á casa para acordar entre los dos lo que debéis hacer. También irá Cecilio Llorente, que coge el cielo con las manos.
—¿Pero estás tú segura de que Torres ha desaparecido, ó es suposición...?
—¡Ah! hijo mío, sobre ese particular no tengas duda. La pobre Paca ha estado en casa llorando como una Magdalena. ¡Infeliz mujer! Gonzalete escribió una carta en que dice que no puede pagar. Sólo ha dejado unas pocas Cubas, un talonario del Banco y lo que había en la casa...
—No le dejaremos ni una astilla...
—¡Oh! —exclamó María sin poder evitar que una chispa de júbilo cruzara por su rostro—, lo que es ahora el espejo biselado irá pian pianino caminito de mi sala... Vámonos, vámonos; serénate, y se procurará que el mal, ya que no pueda evitarse, sea la menor cantidad de mal posible. La vida humana tiene estas caídas; pero también ofrece grandes consuelos donde menos se espera. Yo no soy pesimista; creo en las reparaciones providenciales, y al dolor lo tengo por una sombra. ¿Existiría si no existiera luz?
Tanta sabiduría me habría quizás entusiasmado en otra ocasión. En aquélla, tristísima, sonaba en mis oídos como el ruido de una lluvia importuna, de esas lluvias que se inician cuando vamos muy bien vestidos por la calle, y además hacen la gracia de cogernos sin paraguas.
VI
Todo lo que hablamos aquel día Medina, Llorente y yo, subsiste en mis recuerdos de un modo caótico. Imposible determinarlo ahora. Sólo puedo sacar de aquella nebulosa jirones sueltos, palabras é ideas desgarradas, con las cuales me sería difícil componer un inteligible discurso... Samaniego, la fianza de Samaniego... ¿En dónde estaba Samaniego?... ¿Huído también?... Acción judicial... unas operaciones publicadas, y otras no... la casa de la Ronda... Si Torres se presentaba, esperanzas de arreglo, aunque todos renunciáramos á la mitad de nuestro crédito; si no... ¡Ah! Gonzalete no podía acabar en bien... Y vuelta á la casa de la Ronda, á la fianza de Samaniego... á la honradez de Samaniego que se tenía por indudable.