—Encantada de conocer á usted... Me parece usted algo tímido. No se decide...
—Señora, usted se me antoja una sílfide, un hada sin consistencia corpórea, sin realidad física...
—¡Burlón! otro abrazo. Tu amor ó la muerte... Que te espero...
—¡Eh! sinvergüenza, no pellizques.
—Te dejo ese cardenal para que te acuerdes de mí cuando mires á otra. Al fin me voy. ¿Por qué no vienes conmigo?...
—Tengo que vestirme...
—Si parece que has salido de un hospital... ¿Qué tal? ¿Estás malito?...
—Abur, abur... Largo de aquí...
—Feo, apunte, mamarracho, adiós.