Cuando á esto llegaba, se iba excitando tanto, que empezó á entorpecérsele la lengua y á pronunciar mal ciertas sílabas. Echéme á reir, y sabiendo en lo que habían de parar aquellas misas, pensé cuánto le daría.
—Tú estás reblandecido —le dije—. Las cosas que á tí se te ocurren, ni al mismo Demonio se le ocurrirían... Otro día me explicarás mejor esa monserga. Y por de pronto...
Le miré como le miraba siempre que quería socorrerle. Él me comprendió al punto con aquella infalible perspicacia de mendigo, y enrollando con nerviosa presteza el cartel de nuestras miserias, se dejó decir:
—Es que... precisamente... Ahora viene lo principal, que es ponerlo en limpio, en vitela, con colores finos... Chico, tú vas á ser mi Mecenas. Te dedico la obra...
—No, no... hazme el favor de dedicársela á otro.
—Bueno, bueno: como quieras.
Hacía algún tiempo que yo había adoptado el sistema de negar y conceder alternativamente sus pedidos, es decir, que le daba una vez sí y otra no, y en los casos afirmativos, siempre le daba la mitad. Aquella vez no tocaba; pero ya porque el mapa me hiciera gracia, ya porque me inspiró su destornillado autor más lástima que nunca, me dí á partido y le puse en la mano un billete de dos mil reales. ¡Cómo se le alegraron los ojos y qué excitado y chispo se puso! Dándole á entender que me alegraría mucho de quedarme solo, y mostrándome poco deseoso de conocer hasta en sus menores detalles la gran obra de estadística moral, conseguí alejarle. Ocho días estuvo sin parecer por casa.
Una tarde me hallaba enteramente solo, entretenido en extender las cartas-compromisos que debía pasar á las personas con quienes había hecho operaciones de 4 por 100 Perpetuo á voluntad, cuando sentí abrir quedamente la puerta de mi gabinete. Miré, y ví asomar por el borde de la cortina el rostro de Camila. Dióme un vuelco el corazón. Dejé la escritura, alegréme mucho... Mas por no sé qué ruidos que oí, parecióme que no venía sola.
—Buenos días, tísico —me dijo sin entrar y retirándose otra vez.
—¿Ha venido alguien contigo? ¿Ha entrado alguien? —le pregunté.