—¿Y qué tal? ¿Hay sablazos?...
—No lo creas. Viven con arreglo. Es que tenemos de Camila una idea muy equivocada.
—Ya sé que no se gobierna del todo mal. Pero el día menos pensado la pega. No hay fondo en ella.
—Pues se me figura que lo hay. La Humanidad, como la Naturaleza geográfica, nos ofrece cada día nuevos motivos de sorpresa y asombro. Donde menos lo pensamos, aparecen las maravillas humanas y tesoros que estaban ocultos, como los continentes antes de que un Colón les echara la vista encima.
—Vaya, que te remontas.
—Y á cada territorio que descubrimos en el planeta moral, parece que se ensancha el alma total del mundo, y por ende, la nuestra crece y...
—Chico, chico, te quiebras de sutil. El demonio que te entienda —me dijo echándose á reir—. Baja de esos espacios y escúchame. Tengo que irme en seguida.
—Soy todo oídos.
—Anoche estuvo la pobre Victoria en casa. Cada ojo así, por ver si entrabas. Como no fuiste, la pobre se secaba mirando á la puerta del salón. Cuando se marchó, creo que le faltaba poco para hacer pucheros.
Tras este exordio, vino una larga amonestación sobre el mismo tema. Yo debía casarme á ojos cerrados con aquella joven.