—Valiente hipócrita estás tú... ¡Con esa jeta de lealtad y esas inocencias, me parece...! Y lo que es ahora no la convences. Buena estará.
—Se me figura que quien le llevó el cuento fué el marqués de Cícero... ¡Ay si le cojo! Le arranco los bigotes, y después se los hago tragar... ¡Decir que yo...! ¡cuando el que venía de picos era él, él... el muy monigote, pinturero...!
V
Hablando pasamos á la estancia que había sido de Carrillo. Quise lavarme; pero no encontré agua.
—Yo te la traigo —me dijo Constantino cogiendo el jarro.
A poco volvió, y cuando me llenaba la jofaina, díjome en el tono más cordial:
—Quítale eso de la cabeza.
—¿Qué le he de quitar de la cabeza? ¿los adornos que le has puesto?
—No, hombre: la idea...
—¿Conque la idea?... Lo intentaremos, lo intentaremos.