En los balcones de Bringas agolpáronse todos para ver al caído.
—¡Pobre hombre! —exclamó Cordero.
—¡Y qué bien iba en el caballo! —dijo la de Porreño.
—Se parece al de la Triste Figura —indicó Bringas.
—Es el mismísimo don Quijote —observó Olózaga.
Jenara volviose prontamente, y con cierto tonillo de enfado dijo así:
—Pues no es don Quijote, señor discursista, sino don Tomás Zumalacárregui, apostólico neto y con un corazón mayor que esta casa.
Cuando poco o nada había que ver en los balcones, Bringas obsequió a sus amigos con algunas golosinas acompañadas de licores y agua fresca, y unos hartos de dulces, otros sin probarlos, empezó el desfile. Don Benigno, con Sola y sus hijos, fue a recorrer las calles para ver los preparativos de las grandes fiestas que empezaban aquel día, y principalmente para contemplar y admirar por sus cuatro costados el templete, monumento de lienzo pintado de que se hablaba mucho, y que con grandes dispendios se construyó en la Puerta del Sol sobre la misma Mariblanca. Era la máquina más bonita que habían visto los madrileños hasta entonces. Millares de personas la admiraban sin cesar, formando un círculo de papamoscas, y a la verdad, las columnas pintadas, las cuatro estatuas y el globo terráqueo, que remataba la construcción como un bonete, harían caer de espaldas a Miguel Ángel, Herrera y demás célebres arquitectos.
Todo lo fue examinando Cordero, y sobre todos los preparativos dio opiniones muy discretas. En los días y noches siguientes llevó a su familia a ver las comparsas e iluminaciones, y a admirar la gran novedad del carro triunfal alegórico mitológico manolesco, dispuesto por el corregidor Barrajón, y en el cual iban haciendo de ninfas varias bellezas de Madrid, entre ellas Pepa la Naranjera, que, subida en el escabel más alto, representaba a la diosa Venus.
La gente decía que iba vestida de Venus, de lo que resultaba un contrasentido; pero el decoro de nuestras costumbres y la santidad de los tiempos no habrían consentido que las diosas salieran a la calle como andaban por el Olimpo.