—Sí, hombre; ¿qué cosa habrá que yo no descubra? Vea usted por dónde... Déjeme usted que descanse.
—En Gracia y Justicia se sabe que continúa funcionando en Francia, más envalentonado que nunca, el famoso Directorio provisional del levantamiento de España contra la tiranía.
—¡Noticia fresca!
—Se sabe —añadió Pipaón dándose mucha importancia— que constituyen el tal Directorio los patriotas, o dígase perdularios, Valdés, Sancho, Calatrava, Istúriz y Vadillo.
—Que Mendizábal es el depositario de los fondos.
—Que Lafayette les protege ocultamente y les busca dinero, y finalmente, que han enviado a Madrid a cierto individuo con nombre supuesto...
—El cual, o yo soy incapaz de sacramento, o está en la Trinidad Calzada.
Pipaón abrió su boca todo lo que su boca podía abrirse, y después de permanecer buen rato haciendo competencia a las carátulas de mármol que de antiguo existen en los buzones del correo, repitió con asombro:
—¡En la Trinidad Calzada!