—¿Pero qué quieren?

—Confites. Piden Inquisición y cadenas.

—¿Y quién los dirige?

—El rey, y en su real nombre la Regencia de Urgel.

—¡Una regencia...!

—Que tiene su gobierno regular, sus embajadores en las cortes de Europa, y ha contratado hace poco un gran empréstito. ¡Si no hay país ninguno como este! Espanta el ver cómo falta dinero para todo menos para conspirar.

—¿Y qué hace el gobierno?

—¿Qué ha de hacer? Bobadas. Trasladar los curas de una parroquia a otra, declarar vacantes las sillas de los obispos que están en la facción, fomentar las sociedades patrióticas, suprimir los conventos que están en despoblado, y otras grandes medidas salvadoras.

—¿No ha cerrado el gobierno las sociedades patrióticas?

—Ha abierto la Landaburiana, para que los liberales tengan una buena plazuela donde insultarse.