El pícaro me iba batiendo en todas mis trincheras, y me desconcertó completamente cuando me dijo:
—El gobierno francés ha acordado nombrar una Junta provisional en la frontera, hasta que las tropas francesas entren en España.
—¿Y la Regencia?
—La Regencia dejará de existir, mejor dicho, ha dejado de existir ya.
—Pero Fernando no le ha retirado sus poderes: antes bien, se los confirma secretamente un día y otro.
Al oír esto, el insigne escritor y diplomático no contestó nada. Conocí que se veía en la alternativa de desmentir mi aserto, o de hablar mal de Fernando, y que, como hombre de intachable cortesía, no gustaba de hacer lo primero, ni como ministro de un Borbón lo segundo. Viéndole suspenso insistí, y entonces me dijo:
—Indudablemente, aquí hay algo que ahora no comprendemos; pero que, andando el tiempo, se ha de ver con claridad.
Después, deseando mostrarme un interés filantrópico por la ventura de nuestro país, afirmó que él había trabajado porque se declarara la guerra, sosteniendo para esto penosas luchas con monsieur de Villèle y sus demás colegas; que la resistencia de Inglaterra y de Wellington habían exigido de su parte grandes esfuerzos y constancia, y, por último, que aún necesitaba de no poca energía para vencer la oposición a la guerra que las Cámaras mostrarían desde su primera sesión.
—Muchos —añadió Chactas— me consideran loco. Otros me tienen lástima. Algunos, y entre ellos los envidiosos, preguntan si podré yo conseguir lo que no fue dado a Napoleón. Pero yo fío al tiempo la consagración de este gran hecho, tan necesario a la seguridad del orden y la justicia en los pueblos de Occidente.
Habló también de las sociedades secretas y de los carbonarios, que sin duda le inspiraban vivísimo miedo; y yo empecé a comprender que el objeto de la intervención no era poner paz entre nosotros, ni hacernos felices, ni aun siquiera consolidar el vacilante trono de un Borbón, sino aterrar a los revolucionarios franceses e italianos que bullían sin cesar en los tenebrosos fondos de la sociedad francesa, jamás reposada ni tranquila.