—Sí, señor. Y miro los árboles y las peñas que estoy acostumbrada a ver desde que nací, y en su cara....

—¡Hola, hola!... ¿también los árboles y las peñas tienen cara?...

—Sí, señor.... Para mí todas las cosas hermosas ven y hablan.... Por eso cuando todas me han dicho: «ven con nosotras; muérete y vivirás sin pena»...

¡Qué lástima de fantasía!—murmuró Golfín—. Alma enteramente pagana.

Y luego añadió en voz alta:

—Si deseas la vida, ¿por qué no aceptaste lo que Florentina te ofrecía? Vuelvo al mismo tema.

—Porque... porque... porque la señorita Florentina no me ofrecía sino la muerte—dijo la Nela con energía.

—¡Qué mal juzgas su caridad! Hay seres tan infelices que prefieren la vida vagabunda y miserable, a la dignidad que poseen las personas de un orden superior. Tú te has acostumbrado a la vida salvaje en contacto directo con la Naturaleza, y prefieres esta libertad grosera a los afectos más dulces de una familia. ¿Has sido tú feliz en esta vida?

—Empezaba a serlo....

—¿Y cuándo dejaste de serlo?